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  • Foto del escritorGuillem Vallet

No estoy bien, y eso está bien: La zona de confort de Países Bajos

Recientemente, Países Bajos ha encontrado una consistencia temática en sus candidaturas de la que pocos países pueden presumir. ¿Pero será suficiente para llegar a la final este año?

Dion Cooper y Mia Nicolai, en el videoclip de "Burning Daylight" (AVROTROS)

El dos de marzo de 2023, un día después de que se revelara Burning Daylight, el tema de Países Bajos para el Festival de Eurovisión de este año, el usuario de Twitter @EscPim colgaba el siguiente post en su cuenta, que poco después se volvía una de las reacciones más virales al tema de Mia Nicolai y Dion Cooper.


El tweet reza así:


Primeras oraciones en las candidaturas neerlandesas en Eurovisión:

2023: "Ya no encuentro ninguna alegría"
2022: "¿Conoces el sentimiento de que tu sueño no se hace realidad?"
2020: "Cuando estoy triste, soy irrazonable"
2019: "Un corazón roto es todo lo que queda"

Al post acompaña una imagen de un famoso caramelo de chocolate preguntando a otro: ¿Estás bien?”, pregunta uno. “No”, responde el otro.


Post del 02/03/2023 (@EscPim en Twitter)

Más allá del valor cómico de este chiste, es una imagen muy representativa de la dirección que ha tomado Países Bajos desde que volvió a la final en 2013, tras ocho años de una verdadera sequía de resultados. Pero primero hemos de explicar cómo se ha llegado a esta situación.


Después de que el país de los tulipanes superara con éxito la primera semifinal de la historia del certamen en 2004, entre 2005 y 2012 se intentó regresar a la final de todas las maneras posibles. Se envió a nombres conocidos como Glennis Grace o De Toppers y volvieron con las manos vacías. La delegación confió en una veterana como Edsilia Rombley, que fue una de las sensaciones de 1998 con su tema “Hemel en Aarde”, pero no consiguió replicar la magia con “On Top of the World” y también se quedó en la semifinal. Países Bajos envió baladas, britpop facilote o ritmos tribales. Y nada de nada.


Quizá el el año en que la delegación neerlandesa tocó fondo fue 2010, con un cambio de emisora (de NOS a TROS), y la extrañísima “Nationaal Songfestival 2010”. Esta fue una preselección con cinco artistas cantando diferentes versiones de la misma canción, Ik ben verliefd (Sha-la-lie), cuyo compositor tuvo que aceptar, a regañadientes y después de intentar echarlo a suertes sin éxito, la que menos le gustaba entre las dos preferidas por el público (que sólo contaba un 20% de la puntuación total) y el jurado. La elegida fue la versión de Sieneke, que llegó a Oslo. El recap de la gala habla por sí solo del estado de Países Bajos en Eurovisión durante esos años oscuros.


Recap del "Nationaal Songfestival 2010", una final nacional con cinco artistas y una sola canción. (TROS)

El tema, a pesar de contar con la ilusión de la propia Sieneke y una temática feriante reminiscente a un Oktoberfest de hace décadas, diferente pero anticuada, recibió un rechazo masivo por parte del público neerlandés e incluso de anteriores participantes en Eurovisión, como la propia Edsilia Rombley o el bicampeón irlandés Johnny Logan, quien fue parte del jurado de la preselección. Y, por supuesto, Ik ben verliefd (Sha-la-lie) no llegó a la final ese año. Al fracaso de 2010 se le sumó un último puesto general en 2011 y otra no-clasificación a la final en 2012.


Fue entonces cuando llegó ella.


Anouk, en la gran final de Eurovisión 2013. (YouTube / ESC)

La rockera Anouk Teeuwe, que fue seleccionada internamente (y, de hecho, amenazó con no presentarse si había otra final nacional) por primera vez desde 2010, puso fin a la sequía de Países Bajos en 2013 con su tema Birds. Un tema que, como la mayoría sabemos, no tenía más bien nada del rock al que nos tenía acostumbrados. En vez de eso, Birds era una balada de esas que pellizcaba corazones y ponía los pelos de punta, y sobre todo jugaba con tonos y melodías felices que escondían una profunda depresión detrás. Infinita tristeza.


A partir de ahí, Países Bajos empezó a convertirse en una verdadera potencia en Eurovisión. Consigue siete clasificaciones a la final en ocho veces que tuvo que luchar en la semifinal, un segundo puesto en 2014 y la victoria de Duncan Laurence en 2019 con Arcade, otro tema que enfatiza en la tristeza de uno mismo, en este caso, tras una relación rota e irreparable.


Una pandemia después, Países Bajos afronta 2023 con quizá la semifinal más difícil que se ha encontrado en la última década, encallada en el orden de actuación entre dos favoritas, Chequia y Finlandia, aunque siempre con la ventaja de cantar cerca del último puesto y la esperanza de rascar más puntos de ese preciado televoto.


Mia Nicolai y Dion Cooper (AVROTROS)

Burning Daylight es, de nuevo, un tema que se encuentra perfectamente situado dentro de lo que ya es una conocida “zona de confort” para la delegación neerlandesa. La canción trata de la aceptación de uno mismo, sus errores y sus ganas de abandonar un círculo vicioso y crecer mientras se empieza algo nuevo. En un paralelismo que recuerda a los años oscuros de Países Bajos en Eurovisión, el primer paso para aceptar tu situación es entender que no estás bien. Y de ahí parte un cambio de ciclo: “Adiós, vieja vida” - reza el clímax del tema. En ese sentido, no difiere mucho de lo que ya se intentó en 2020 con Jeangu Macrooy, Grow, aunque ese año la oportunidad pereció junto con el propio festival debido a la pandemia. Y el año siguiente, el propio artista decidió abandonar la temática habitual de las composiciones neerlandesas y rendir homenaje a sus ancestros surinameses. Algo que no funcionó en los resultados, pero que como país anfitrión, creó un impacto con algo único, y al final eso importa mucho más que cualquier resultado.


¿Y ahora qué?


El equipo compositor de "Burning Daylight", de izq. a der: Duncan Laurence, Mia Nicolai, Dion Cooper y Jordan Garfield. (Foto: ANP)

La composición de Mia y Dion también cuenta con el sello del propio Duncan Laurence y Jordan Garfield. El valor de producción es indudable, especialmente cuando se ha de presentar una candidatura seleccionada internamente. A pesar de ser una balada en una semifinal dictada únicamente por la audiencia, Países Bajos tiene la ventaja de ser el único dueto masculino / femenino de la semifinal, y además, no lo malgasta en un tema genérico sobre amor, sino que emplea las armonías entre Mia y Dion para ensalzar la melodía de la canción y convertirla casi en un himno a la aceptación al final. Subvirtiendo expectativas para lo que normalmente ofrece un dueto, aunque perfectamente en línea con lo que han hecho hasta ahora, Burning Daylight espera poder cautivar a la audiencia una vez más, y esta vez sin el apoyo de un jurado profesional que los pueda aupar. Y eso añade un punto de dificultad al reto al que se enfrenta este país, que solamente se ha clasificado una vez en una semifinal con 100% televoto, en 2004, cuando el mundo era muy distinto.


Con todo, AVROTROS, como cada año, ha partido lista para convencer a los espectadores de que se puede ofrecer una candidatura personal y centrada en las emociones humanas y la salud mental. El año pasado, S10 ofrecía una de las actuaciones más genuinas y emocionantes de Eurovisión 2022, y es muy posible que Mia y Dion lo repitan de nuevo en Liverpool. Y en ese sentido, Países Bajos mantiene una consistencia entre candidaturas cada año que casi ningún país puede replicar. Y eso, si bien puede llegar a aburrir al eurofán más acérrimo y en busca de nuevos géneros y sonidos, da, en cambio, una importante ventaja a la delegación neerlandesa: Cada año, Países Bajos juega en casa.


¿Será suficiente esa sensación de comodidad y certeza de tener un pack cerrado desde su presentación? ¿O en algún momento tocará salir de la zona de confort? Esta vez, solamente el televoto lo decidirá.


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